Laudes de San Francisco

 

Laudes de Santa Clara

 

¡Oh alto y glorioso Dios!, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

 

Te adoramos, Señor Jesucristo, y en todas las iglesias que hay en todo el mundo, y te bendecimos porque por tu Santa Cruz Redimiste al Mundo.

 

Santa Virgen María,
no ha nacido en el mundo entre las mujeres
ninguna semejante a ti,
Hija y Esclava del Altísimo Rey sumo, y Padre celestial,
Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo,
esposa del Espíritu Santo:
ruega por nosotros junto con el Arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con todos los santos,
ante tu santísimo Hijo Amado, Señor y maestro.
Gloria al Padre. Como era.

 

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas. Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra. Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero. Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción. Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio. Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LOS ANGELES

Virgen de los Ángeles,
que desde tantos siglos has puesto tu trono
de misericordia en la Porciúncula,
escucha la plegaria de tus hijos
que confiados recurren a ti.
Desde este "lugar verdaderamente santo y habitación de Dios",
particularmente querido al corazón de San Francisco,
siempre has invitado a todos los hombres al Amor.
Tus ojos, llenos de ternura,
nos aseguran una continua y maternal asistencia,
y prometen ayuda divina a cuantos se postran
a los pies de tu trono o desde lejos se dirigen a ti,
invocándote en su auxilio.
Eres de verdad la dulce Reina y esperanza nuestra.
Oh Señora de los Ángeles, alcánzanos,
por la intercesión del Bienaventurado Francisco,
el perdón de nuestras culpas, la ayuda a nuestra voluntad,
para mantenernos alejados del pecado y de la indiferencia,
a fin de ser dignos de llamarte siempre Madre nuestra.
Bendice nuestras casas, nuestro trabajo, nuestro descanso,
dándonos esa paz serena que se disfruta
dentro de los viejos muros de la Porciúncula,
donde el odio, la culpa y el llanto, al encontrar de nuevo el Amor,
se transforman en canto de gozo,
como el canto de tus Ángeles y del Seráfico Francisco.
Ayuda a quien no tiene apoyo y a quien carece de pan,
a los que se encuentran en peligro o en tentación,
en la tristeza o en el desaliento, enfermos o en agonía.
Bendícenos como hijos predilectos tuyos.
Te pedimos que también bendigas
con un mismo gesto maternal
a inocentes y culpables, a fieles y descarriados, a creyentes y vacilantes.
Bendice a toda la humanidad a fin de que los hombres,
reconociéndose hijos de Dios e hijos tuyos,
reencuentren en el Amor
la verdadera Paz y el verdadero Bien.

Así sea.

 

 

El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su faz y tenga misericordia de ti.
Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz.
El Señor te bendiga, hermano.

 

Vísperas de San Francisco

 

Vísperas de Santa Clara

 

Nada te turbe,
nada te espante;
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Sólo Dios basta.

 

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor.